CÓMO LAS ESCUELAS NORMALES PUEDEN SER UN MAL

POR: Mtro. Enrique Alberto Jiménez Anica

Parte 1 de 3

Cuando se pregunta si deben establecerse escuelas

Normales, si han de multiplicarse o ser uniformes

No se debe perder de vista que el maestro es un artefacto,

Un artículo comercial y su fabricación debe

Sujetarse a las leyes de toda producción.

Maestros:

La lectura que les presento a continuación, la leí accidentalmente hace unos ayeres y la traigo aquí a colación de la visita de observación y plática con una de mis alumnas en estas recientes jornadas. Me comentó que admiraba mucho a la gran mayoría de sus maestros, porque veía en muchos de ustedes, el éxito, la estabilidad económica, que habían logrado gracias a la profesión de ser maestro, por lo que me quedé reflexionando respecto a las expectativas de muchos jóvenes y la oportunidad que ven en la actividad profesional.

En ese momento le respondí que el trabajo, la dedicación les había retribuido su esfuerzo, y que si ella quería ser igual tendría que hacer un mayor esfuerzo.

Me quede reflexionando y dije – Cuatro años habrá de estudiar, quizá dos de maestría, y al final ¿logrará cumplir sus sueños? Y si no los cumple dirá para esto estudié.

Fue así como recordé este material. Les pido su análisis y comentarios, o cuando menos, si la lectura fue de su agrado, favor de divulgarlo con todos sus contactos, es necesario divulgar esta lectura para concientizar al SNTE, al Estado, a los normalistas, y a los maestros en funciones respecto a las posibles frustraciones que habrán de causar las escuelas normales cuando ese velo les deje ver la realidad, por esta razón reitero que es perentorio compartir esta lectura con TODOS sus contactos. El escritor Carlos A. Carrillo los llevará de la historia pasada que fue vigente (en su contexto histórico) a un futuro visionario, que hoy ese futuro está presente. Pero como estamos en el País del NO PASA NADA, seguimos como en el pasado.

¡Conste que no lo dije yo! Mejor me espero a sus comentarios, les dejo en charola de plata esta profética lectura, de reflexión y acción.

P.D. Hay que digerirla, para que no cause empacho… jejeje

Saludos Cordiales

Enrique Jiménez

DE CÓMO LAS ESCUELAS NORMALES PUEDEN SER UN MAL

Primera parte

¡Las Escuelas Normales! ¡Qué máquinas tan excelentes para fabricar maestros de 100, 120, 150 pesos! ¡Lástima que no haya consumidores de este género! Hoy lo que busca todo el mundo son maestros de a peseta.

Lo cierto del caso es que todos los Estados se están dando prisa a instalar las susodichas máquinas. —¿Y luego?— Luego, cuando estén ya instaladas y en disposición de labrar maestros, no podrán funcionar por falta de individuos que se dejen labrar: la profesión no tiene grandes alicientes. —¿Y luego?— El Gobierno viendo eso, imitará a los pescadores que quieren atraer peces: pondrá carnada en un anzuelo y echará el anzuelo; sólo que la carnada aquí será de plata. —¿Y luego?— Luego muchos incautos, acariciados por el olor del cebo y la esperanza, morderán el anzuelo. —¿Y luego?— Al cabo de cierto tiempo empezará la máquina a arrojar al mercado maestros con este rótulo: se alquilan a 100, a 120 a 150 pesos cada mes. —¿Y luego?— Los primeros encontrarán colocación en las ciudades principales, lo cual atraerá a otros muchos a la escuela, y los normalistas se frotarán las manos de contento. —¿Y luego?— Los subsiguientes ya no podrán hallar empleo y padecerán hambre, porque los primeros no habrán dejado más que empleos de treinta, de veinte, de diez pesos. —¿Y luego?— El hambre llegará a su maximum y los dividirá en dos partidos. Unos dirán: nos contentaremos con treinta o veinte pesos en la escuela del pueblo o de la ranchería... y maldecirán las Escuelas Normales. Otros, y éstos serán los más, exclamarán: Más vale ser zapateros; pero será muy tarde, no tendrán habilidad para hacer zapatos; o herreros, pero tampoco tendrán habilidad para forjar hierro; o... pero para nada tendrán habilidad... y maldecirán también las Escuelas Normales. Sólo habrá una tabla de salvación: los empleos públicos, éstos no exigen estudios, ni habilidad, ni condición ninguna. Y muchos se asirán a esta tabla salvadora con desesperación. —¿Y luego?— Aumentará la empleomanía, —y la adulación a los gobernantes, y la corrupción electoral,— y el favoritismo para el nombramiento de empleos públicos, —y la incapacidad de los empleados y su desidia para cumplir con sus obligaciones— y su tendencia a hacer fiestas y menear zalameramente el rabo al amo que reparte pan bajo la forma de destinos y descarga palos en forma de destituciones. Y entonces, todos, todos sin excepción, todos en coro; maldeciremos las Escuelas Normales.

¿Abogo acaso por la supresión de esos benéficos planteles? ¡Líbreme Dios de cometer tal desatino! Lo que quiero es que seamos menos niños, que sepamos prever los males que nos amenazan para conjurarlos, si es posible, con oportunidad. Multiplicar los maestros competentes e instruidos sin poner los medios para que sus trabajos tengan conveniente remuneración es hacer un mal grave. Para cortarlo pueden seguirse dos caminos: prescindir de formar maestros hábiles, contentándonos con tenerlos ineptos, o procurar con enérgico esfuerzo mejorar los sueldos que disfrutan en las pequeñas poblaciones, duplicándolos, triplicándolos y en muchos casos aumentándolos en proporción mucho mayor todavía. Yo no preconizo el primer remedio, por el contrario, decididamente me inclino al segundo; pero si éste se juzga de imposible práctica, declaro con la más arraigada convicción que más vale clausurar las Escuelas Normales existentes y aplazar la apertura de otras nuevas para tiempos mejores.

Nadie consumirá cuatro o cinco años estudiando seria y concienzudamente diez o doce difíciles asignaturas para ir a ganar diez, veinte o treinta pesos en un pueblo o en una ranchería. Por lo mismo, si los sueldos han de conservarse invariables tales cuales existen ahora —y se conservarán si no se hacen desde luego poderosísimos y constantes esfuerzos para mejorarlos— no se atraiga a los jóvenes a la carrera del magisterio ni se les imparta una sólida educación profesional para el ejercicio de dicha carrera, porque es condenarlos a la miseria o arrojarlos a la política y la intriga (Junio 26 de 1888).

Carlos A. Carrillo

* Tomado de Artículos pedagógicos, Editorial Herrero Hermanos, México, 1907.